¿Debe venir un cambio de vida desde la incomodidad?

Siempre solemos pensar que un cambio de vida viene cuando realizamos la transición de algo malo hacia algo bueno.

¿Pero qué pasa con esos cambios que vienen desde el mismo lugar? ¿Qué pasa cuando estoy cómodo y feliz viviendo una vida plena? ¿Entonces ya no hay espacio para hacer cambios?

Soy de las que piensa que el cambio constante nos hace volvernos más sensibles y nos aleja de la posibilidad de cegarnos ante los privilegios con lo que contamos en nuestras vidas. 

Por eso pienso que aunque sientas que todo está marchando perfecto, siempre es importante que dejes un espacio para preguntarte a ti misma, si realmente estás feliz y orgullosa con la realidad actual de tu vida.

¿Cuándo fue la última vez que realizaste un cambio de vida, estando desde un lugar pleno de amor y felicidad?

Yo me realicé esa pregunta por primera vez cuando faltaban dos meses para cambiarme de trabajo en Estados Unidos y planeaba viajar a otra ciudad con mi anterior novio.

Llevaba años tomando decisiones en pro de pasar de algo malo, hacía algo mejor, pero esta sería la primera vez que tomaría un cambio que venía desde un lugar “cómodo y positivo” (lo pongo entre comillas porque si fuera así de cómodo y positivo no hubiera tenido a mi mente tan inquieta pidiéndome hacer las cosas de otro modo).

Recuerdo que este chico estaba encargándose de hacer el cambio de bancos, de mirar los trasbordos de avión, de donde se alquilaría el coche y yo por mi parte cómodamente solo haciendo maletas, casi con los ojos cerrados dispuesta a llegar con mis maletas a un cambio de vida nuevo dónde yo poca participación activa había tenido.

Afortunadamente soy autocrítica (BTW, esto me ha salvado la existencia en varias ocasiones).

Fue entonces cuando una noche nos llamaron del trabajo al que estábamos postulándonos en esta nueva ciudad y nos comunicaron que las mismas dos vacantes de trabajo también se habían abierto en otra ciudad, por si queríamos tomarlas.

Yo que llevaba ya semanas sintiéndome poco cómoda conmigo misma, con una sensación de ¿Dónde está la Lu que consiguió su primer trabajo en Estados Unidos por ella misma? ¿La que toma riesgos y decisiones? ¿La que se atreve y disfruta su propia compañía?.

Me pareció que esa noticia era una oportunidad que me estaba dando la vida, para darle respuesta a esas preguntas que estaba dejando en el aire desde hace mucho tiempo.

Así que saqué valor no sé de dónde y le dije a mi novio que yo necesitaba valerme por mi misma nuevamente para conectarme con una parte de mí que disfruto mucha: la independencia.

Yo no tenía miedo de que él lo tomara mal, ya que era un chico súper compresivo, más bien tenia miedo de si yo iba a poder volver a estar sola empezando desde cero en una nueva ciudad, y me preguntaba mil veces si estaba tomando una decisión correcta.

En esos momentos para animarme solo pensaba: Cuando es genuino y estás 100% cómoda en el espacio que habitas, no entran espacios para dudas y pensamientos del estilo: ¿Qué pasaría si? ¿Qué tanto puedo yo? ¿Cómo se sentiría hacerlo de una forma diferente?…

Y yo sí que estaba teniendo MUCHO espacio para esas preguntas desde hace tiempo.

Y como te comenté en el articulo de la semana anterior:

Las preguntas que dejas abiertas en tu vida e intentas llenar con experiencias externas, NUNCA DESAPARECEN, se quedan allí en tu mente por siempre hasta que decidas hacer los cambios internos necesarios y puedas dar una respuesta honesta desde tu lado más vulnerable.

Bueno, afortunadamente ese cambio se hizo, la decisión fue tomada y  pasaron 8 meses en los que viví una transformación ARROLLADORA.

La ciudad a la que me fui no era precisamente la más divertida, es un pueblo de pescadores, muy muy pequeñito que durante invierno suele cerrar casi todo, restaurantes, bares, atracciones TODO.
Por lo cual, tiempo para estar sola con mis propios pensamiento, emociones, miedos y frustraciones que siempre tuve.

Entre tanta soledad conté con el tiempo y el espacio necesario para hacerme preguntas muy importantes, las cuales tuvieron consecuencias en mi vida.

  1. La primera, terminé la relación que tenía con mi novio, comprendí que no basta con que una persona sea buen ser humano para que encaje contigo, se necesita mucho más que eso, se necesita a alguien que tenga las ganas de vivir la vida con la misma pasión que tú, con la misma sed de vivir experiencias nuevas y de ir por los mismos ideales.                Hubo una frase que siempre me repetía mi mamá, que me ayudó mucho a tomar esta decisión. ¡No te dejes escoger, escoge tú también!.   
  2. La segunda; me di cuenta que en espacios donde tenía la oportunidad de estar completamente sola, era donde mejor me sentía y que tenía que estar siempre consciente de no hacer dependencias emocionales con nada ni nadie, en orden de poder seguir teniendo siempre una conexión con mismo misma.                                                                              Luego esto lo enfaticé con el libro Amar o depender de Walter Riso (Súper recomendado para romper con el pensamiento enfermizo de que te conviertes en uno solo o sola cuando estás en una relación, NADA DE ESO, son dos personas diferentes, separadas pero que crecen por un mismo camino; o no, si es esta última la realidad, pues se toman las decisiones pertinentes.
  3. Supe que la verdadera libertad no se experimenta viviendo sola en otro país, en realidad se experimenta cuando puedes estar sentada en donde sea y tu mente te acompaña en silencio, sin preguntas que te recuerdan que estás evadiendo tu realidad o pensamientos que te llevan a otros lugares donde podrías estar mejor.

Desde entonces ya no busco sentirme mal para hacer un cambio en mi vida, trato de no hacer pasar a mi cuerpo emociones de dolor antes de yo adelantarme y preguntarme ¿Estamos bien?.

No importa que tan bien creas sentirte, siempre busca espacios para conectar contigo misma y sacarte esas deseos profundos que siempre has tendió o las preguntas internas que llevas tiempo sin responder.

Los cambios que vienen desde un espacio positivo y que los tomas para llegar a un lugar mucho mejor, suelen ser mucho más difíciles, ya que no están acompañados de dolor, y es el dolor el que de alguna manera nos da el empujón que necesitamos para salirnos de situaciones donde no estamos bien.

Un ejercicio que ayuda mucho a tomar la decisión de ir por estos cambios, es imaginarte tu vida a futuro y ser consciente si eres feliz con la imagen completa de esa vida, si se siente bien dentro de ti verte en esa vida para siempre.

Si no es así, por muy cómodo y bien que creas estar, tu ser te está pidiendo un cambio, escúchalo y decide.

Por ejemplo, te quiero compartir una decisión que tomé hace poco y que me tiene muy feliz.

Me costó muchísimo tomarla, pero justo al hacer el ejercicio de pensar en cómo me veía en unos años, ya no había espacio para dudas, la decisión tenía que tomarla ¡YA!.

He decidido certificarme como coach con la máxima certificación internacional de La International Coaching Federation (ICF) y empezaré a tomas las clases en Noviembre.

Estoy súper contenta y emocionada, ya sabes que AMO todo lo que tiene que ver con crecimiento personal y con ayudar a las personas a vivir una vida feliz.

Coqueteé en un momento con la idea de orientarme hacia la psicología, pero recordé que estoy en el proceso de aprender a NO TOMAR RESPONSABILIDAD POR las situaciones tristes de los demás, en realidad me cuesta mucho desconectar de las emociones de otras personas.

Así que pensé que lo que pasaría es que terminaría yo super triste y mi pobre paciente se iría tal cual como llegó.

Fue entonces cuando descubrí el coaching; AMO que sea un servicio que ayuda a las personas a construir su vida ideal por medio de herramientas muy poderosas que todos llevamos en nuestra mochila, pero que se nos olvida sacarlas para darles uso.

Créanme que no fue fácil tomar la decisión, me llegaron los típicos pensamientos destructivos del estilo: Vas tarde, decídete solo por una cosa, no puedes hacer todo a la vez, será una pérdida de tiempo, no necesitas capacitarte, empieza desde ya …

Afortunadamente ahora, ya sé cómo callar esos pensamientos y no dejo que me inmovilicen, sé y estoy consciente que no se puede construir una vida diferente desde el mismo lugar en donde ya estás demasiado cómoda, así que aunque tenga que hacer sacrificios, iré por este nuevo cambio con seguridad, gozo y gloria.

Ahora es tu turno, regálate un momento para saber si genuinamente estas satisfecha con la vida que vives hoy.
A continuación te comparto dos preguntas que escuché hace poco y que me ayudaron a definir mejor mi nuevo cambio:

  • ¿Qué tanto sigues haciendo en tu vida de adulto, de eso en lo que eras muy buena de adolescente y te hacía muy feliz?
  • ¿Para qué te suelen llamar siempre tus amigos? ¿Eres a quién acuden para que les ayudes con una gestión de emprendimiento, para verificar que un contrato va bien, para desahogarse ya que eres buen consejero…? ¿Cuál es ese don único que tu tienes?

Con cariñu, Lu.

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